23 Dic Pabellón nº 7

Los bustos de Zeus y Hera coronan la entrada posterior del Pabellón 7 de la Feria de Congresos de Montjuic. Tras el estallido de la pandemia el Ayuntamiento de Barcelona habilita un albergue de emergencia en este recinto para acoger a las personas sin techo mientras dure el estado de alarma. Manuel Martínez, interesado en la historia a través del patrimonio arquitectónico, observa las figuras cada vez que sale al patio a fumar pero no tiene la mente como para poder indagar quienes son. Son días convulsos donde tiene que aprender a convivir con personas de toda índole y situaciones de vida límite.

Se confinó en ‘la Fira’ a finales de marzo para sortear las duras noches de frío durmiendo en las calles de Barcelona. Fue de los primeros en entrar en el módulo A gestionado por la Cruz Roja, que ofrecía 225 camas. La afluencia de personas que buscaban refugio aquellos primeros días de alarma fue tal, que en seguida a principios de abril se abre el módulo B , gestionado por la Fundación Salut i Comunitat, con otras 225 plazas. Algunos no pasaban más que una noche o dos. El pánico a las multitudes, la inseguridad al no haber divisiones entre las literas, la sensación de control o la pérdida de libertad eran los motivos que argumentaban quienes preferían volver a la calle. Otros, no aceptaban las normas convenidas por las entidades para asegurar una convivencia en armonía y tenían que ser expulsados.

Cien años atrás el Pabellón 7 fue construido por Puig i Cadafalch con la finalidad de acoger algunas muestras de la Exposición Internacional de 1929. Es bautizado como el Palacio de Victoria Eugenia en honor a la reina de aquella época, esposa de Alfonso XIII. La fusión de estilos arquitectónicos en la fachada se mantiene intacta a día de hoy, no sin embargo en el interior, que en sus inicios también contenía figuras de la época clásica y en el momento actual se ha dejado diáfano. Por sus 14.000 mhan pasado más de 1.300 hombres en los nueve meses que ha estado en funcionamiento.

Pere vino de Ecuador para gestionar su jubilación en plena pandemia, pero con la ralentización administrativa el dinero se acaba y se ve por primera vez a sus 66 años en la calle. Mohamed llega en patera a Gran Canaria en agosto huyendo de Mauritania y tras tocar tierra en Almería toma un autobús que lo trae a Barcelona. Erasmo llega de Honduras en febrero con la esperanza de trabajar como carpintero, pero no encuentra más que trabajo esporádico de albañil en negro y acaba buscando chatarra con un carrito de supermercado por las calles de Barcelona. Baber llega desde Pakistán a pie, después de atravesar durante seis meses países com Irán, Turquía, Bulgaria, Macedonia, hasta que se forma como técnico reparador en una tienda de móviles de un compatriota en Poble Sec. Antolín llevaba 18 meses durmiendo en cajeros en Santa Coloma de Gramenet, cuando la policía lo recoge, lo lleva primero a un albergue de acogida para personas sin techo, finalmente a la Fira. Antonio tras pasar cinco semanas hospitalizado por coronavirus y otros problemas de salud, la arrendataria del piso donde tiene una habitación alquilada le pide que no regrese pues ella es ciudadana de riesgo y no quiere exponerse al virus. Adnan, junto a su hijo de 20 años, llega a Barcelona desde Alemania con una orden de deportación a Siria si no se establece en Barcelona según marca el tratado de acogida para refugiados de las Naciones Unidas. Abdel, de nacionalidad española, es un desempleado de larga duración que a sus 55 años ha sido desahuciado en Ciutat Meridiana por ocupar un piso de un banco. Ricard obtiene la libertad en plena pandemia después de un año y medio en prisión por el impago de multas de tráfico. Abandona la Fira porque un amigo de la infancia lo invita a Tenerife para ayudarle a rehacer su vida. Juan llevaba meses en la calle por la adicción a la cocaína, donde se le iba su paga mensual por una invalidez permanente después de años trabajando como marino. Consigue dejar la droga durante el confinamiento y ahora convive con su hija. Marc trabajaba de camarero en negro antes del 14 de marzo, pero a falta de ingresos con el cierre se ve obligado a abandonar su hogar. Aprovecha su estancia en la Fira para reciclarse en la rehabilitación de fachadas de altura, lo que le ha permitido encontrar trabajo.

«Cada uno tenemos un currículum vita que arrastramos» reconoce Manuel, después de llevar varias semanas hospedado en una pensión en Ciutat Vella. Ahora ya puede pensar en la historia del Pabellón nº 7 y lo que ha significado para él este periodo de tiempo que espera sea un punto de inflexión en la tendencia que su vida había tomado en los últimos tiempos. «Tener un techo es algo impagable».

Según estadísticas del Ayuntamiento un 30% de los hombres acogidos en la Fira han sido de nacionalidad española, otro 30% comunitarios y el resto no comunitarios. El 55% estaba durmiendo en la calle antes de refugiarse dentro. El 45% provenía de habitaciones de alquiler, viviendas ocupadas o infraviviendas. El Pabellón nº 7 ha estado abierto desde el 25 de marzo hasta el 23 diciembre. Los últimos 170 usuarios han sido trasladados a diferentes hoteles y residencias tras un acuerdo del Ayuntamiento para mejorar las condiciones de acogida.

Este fotoreportaje de la Fira es tan solo una pequeña muestra del trabajo documental realizado a lo largo de siete meses desde junio hasta diciembre con visitas periódicas recogiendo testimonios, fotografías y entrevistas en video en el Pabellón 7B gestionado por la Fundació Salut i Comunitat.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una parte de este artículo se ha publicado en el Diari Ara el 15 de noviembre: https://www.ara.cat/suplements/diumenge/refugis-pandemia-covid19-malaltia-fotografia-periodisme-crisi_0_2564143571.html

 

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7th Pavilion

The busts of Zeus and Hera crown the rear entrance of the 7th Pavilion of the Fira conference centre in Montjuïc. After the outbreak of the pandemic, the Barcelona City Council set up an emergency shelter here to house the homeless during the state of alarm. Manuel Martínez, interested in history and architectural heritage, observes the figures every time he steps out into the courtyard to smoke, but he doesn’t have the wherewithal to find out who they are. These are difficult days where he has to learn to live with people in extreme life situations and from a wide range of backgrounds.

He confined himself to ‘la Fira’ at the end of March to overcome the harsh cold nights sleeping in the streets of Barcelona. He was among the first to enter the Red Cross-managed module A, offering 225 beds. The influx of people seeking refuge during those first days of the state of alarm was such that module B, managed by the Fundación Salut i Comunitat, opened at the beginning of April offering a further 225 places. Some did not spend more than a night or two. Fear of crowds, insecurity (there were no divisions between the bunk beds), the feeling of control or the loss of freedom were some of the reasons behind the decision by some to return to the streets. Others simply refused to accept the norms imposed by the organisations to ensure a harmonious coexistence and were expelled.

One hundred years ago, the 7th Pavilion was built by Puig i Cadafalch in order to host samples of the 1929 International Exhibition. It was named the Victoria Eugenia Palace in honour of the Queen at the time, wife of Alfonso XIII. The fusion of architectural styles on the façade remains intact to this day, although not so in the interior, which in its beginnings also contained figures from the classical period and has at present been left open. Over 1,300 men have passed through its 14,000 min the nine months that it has been in operation.

Pere came from Ecuador to manage his retirement in the middle of the pandemic, but with the administrative slowdown, money has run out and at age 66 he is on the street for the first time in his life. Mohamed arrived in August at Gran Canaria by boat, fleeing Mauritania; after reaching Almería, he takes a bus to Barcelona. Erasmo arrived from Honduras in February with the hope of working as a carpenter, but has found nothing more than sporadic illegal bricklaying work and ends up looking for scrap metal with a supermarket trolley on the streets of Barcelona. Baber arrived from Pakistan on foot, after crossing countries such as Iran, Turkey, Bulgaria and Macedonia for six months, until he began training as a repair technician in a smartphone store owned by a fellow countryman in the Poble Sec neighbourhood. Antolín had been sleeping in ATMs for 18 months in Santa Coloma de Gramenet, when the police picked him up, took him to a shelter for homeless people initially and then on to the Fira. Antonio, after spending five weeks hospitalised for coronavirus and other health issues, is asked by his landlady to leave the room he is renting as she is a vulnerable citizen and does not want to be exposed to the virus. Adnan, along with his 20-year-old son, arrives in Barcelona from Germany with a deportation order to Syria if he does not settle in Barcelona according to the United Nations refugee reception treaty. Abdel is a 55-year-old Spanish national in long-term unemployment and was evicted in Ciutat Meridiana for occupying the floor of a bank branch. Ricard is released in the midst of a pandemic after a year and a half in prison for evasion of traffic fines. He leaves the Fira because a childhood friend invites him to Tenerife to help him rebuild his life. Juan had been on the street for months due to cocaine addiction, paid for by his monthly benefits for a permanent disability caused by years working as a sailor. He manages to quit the drug during lockdown and now lives with his daughter. Marc was working illegally as a waiter until 14 March, but due to lack of income caused by the lockdown, he is forced to leave his home. He uses his time at the Fira to retrain in the restoration of high-rise façades, which has allowed him to find work.

“Each of us carries with them a curriculum vitae”, acknowledges Manuel, after spending several weeks in a pension in the Ciutat Vella district. Now he can think about the history of the 7th Pavilion and what this period of time has meant to him, which he hopes will be a turning point in the direction his life has taken in recent times. “Having a roof over your head is priceless.”

According to City Council statistics, 30% of the men welcomed at the Fira are of Spanish nationality, another 30% are from the EU and the rest are from outside the EU. 55% were sleeping on the street before taking refuge at the Fira. 45% came from rented rooms, occupied dwellings or slums. The 7th Pavilion has been open from 25 March to 23 December. The last 170 users have been transferred to different hotels and residences after an agreement with the City Council to improve their living conditions.

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